En las próximas dos semanas tendrán lugar las convenciones de los partidos Republicano (del 18 al 21 de julio) y Demócrata (del 25 al 28 de julio), donde Donald Trump y Hillary Clinton serán nominados oficialmente como candidatos a la presidencia de Estados Unidos respectivamente, al obtener el mayor número de delegados durante las elecciones primarias. Sin embargo, todavía hay gran incertidumbre sobre quiénes serán los candidatos vicepresidenciales que los acompañarán en la elección de noviembre y se espera que el anuncio se haga en cualquier momento.
¿Por qué importa quiénes queden como candidatos vicepresidenciales? El presidente Woodrow Wilson decía que la importancia del vicepresidente está en que puede dejar de serlo en cualquier momento. A lo largo de la historia política de Estados Unidos, la vicepresidencia ofrece la garantía de que ante la falta del titular del Ejecutivo haya continuidad, acompañada de legitimidad democrática, sin la necesidad de convocar a nuevos comicios.
Oficialmente el vicepresidente tiene entre sus responsabilidades presidir el Senado -crucial en caso de parálisis legislativa- y papeles ceremoniales, como representar al presidente y al gobierno en tomas de posesión y funerales de Estado. Sin embargo, en los últimos años estas limitadas funciones se han ido ampliando al tener los presidentes cada vez mayores ocupaciones y desafíos tanto internos como externos, las que puede compartir con una persona responsable y competente. A pesar de que cualquier presidente espera concluir el mandato que se le confirió, cuando elige al compañero de fórmula debe pensar en un sustituto calificado para tomar las riendas del país en un momento de crisis.
Ha sido excepcional cuando un presidente en turno no concluye su mandato y toma su lugar el vicepresidente. Las dos ocasiones más recientes fueron en 1963, cuando asesinaron al presidente John F. Kennedy y asumió el poder su vicepresidente Lyndon B. Johnson y en 1974 cuando el presidente Richard Nixon renunció al cargo por el escándalo de corrupción del Watergate y lo sustituyó el vicepresidente Gerald Ford.
En años recientes se han usado dos criterios para la selección de compañero de fórmula: La primera es que se detecta la necesidad de elegir a alguien que servirá para darle un equilibrio ideológico o regional al aspirante presidencial y que le ayudará a conseguir votos de grupos o de estados que no se identifican en principio con él. La segunda es decantarse por alguien que complemente la imagen que proyecta el presidenciable y le proporcione un respaldo sólido. Es interesante notar que los últimos tres presidentes (Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama) prefirieron la segunda estrategia al elegir como sus compañeros a personajes talentosos, de su entera confianza y con gran experiencia en el ámbito legislativo o ejecutivo como Al Gore (en el caso de Clinton), Dick Cheney (en el caso de Bush) y Joe Biden (en el caso de Obama).
En cuanto a las elecciones en curso, Hillary Clinton contempla entre sus opciones a los senadores Elizabeth Warren (Massachusetts), Tim Kaine (Virginia) y Sherrod Brown (Ohio) y a los secretarios Julián Castro (Vivienda), Tom Vilsack (Agricultura) e incluso al general James Stavridis, excomandante de la OTAN. Serían opciones interesantes: Castro por su origen hispano y su juventud o Warren, porque otra mujer en la fórmula reforzaría lo histórico de la candidatura de Clinton, además de que ha defendido posiciones más progresistas que ella.
Del lado republicano, parece que la lista es más corta. Están en ella los gobernadores Chris Christie (Nueva Jersey), Mike Pence (Indiana), el senador Jeff Sessions (Alabama) y el exlíder de la Cámara de Representantes, Newt Gingich, opciones que podrían preferir los delegados para "contener" a Trump y sumarle experiencia de gobierno. De manera poco tradicional su familia, en especial Ivanka Trump está jugando un papel central en el proceso de selección del candidato a vicepresidente.
Tanto Hillary Clinton, como Donald Trump tienen una imagen muy negativa entre gran parte del electorado, por ello la selección de un compañero o compañera de fórmula carismático, popular, pero sobretodo que compense las deficiencias de cada uno de ellos será crucial.
Con Información de: El Financiero